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CHULILLA TRAIL 17 KM

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Ya me he despedido de las carreras de montaña por este año. Y lo he hecho a lo grande! Carrera muy corredora, divertida, por un paraje increíble, y muy refrescante para los días de calor. La Chulilla Trail, de casi 17 km, celebrada el 18 de junio, al atardecer, la recordaré por los cambios bruscos de desniveles y por los riachuelos que había que cruzar. Ahora, mis objetivos deportivos son totalmente opuestos así que con esta preciosa carrera me despido de la montaña… pero sólo por esta temporada.

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También recordaré esta carrera por llegar infinitamente cansada. Es sábado. Me he levantado a las 6 am para ir a trabajar. Después de 8 horas de trabajo con acto de campaña electoral incluido, cojo el tren a primera hora de la tarde para ir a Valencia y desde allí en coche a Chulilla. Llego justa para recoger el dorsal y empezar la carrera. Cuando llego a la línea de salida me doy cuenta de lo agotada que estoy…  Sonrío porque pienso que ha sido una locura de día, y por delante me esperan 17 km de montaña. Pero la música y el ambiente me animan de inmediato. Tengo muchas ganas de hacer esta carrera y ni el cansancio, ni el sueño, ni el hambre (apenas me ha dado tiempo a comer una manzana y una barrita en el tren) van a impedir disfrutar como suelo disfrutar en la montaña.

Dan la salida y me pongo a correr con ganas, con fuerza. No miro el reloj. Voy a sensaciones y me dejo llevar por el grupo de corredores. Empezamos a bajar y bajar y bajar hasta lo más profundo del valle, cruzando riachuelos (hasta un total de nueve). Según el perfil de la carrera, los primeros 9 km apenas tienen desnivel. Algún que otro tobogán.

Luego empieza la subida. Desde lo más profundo hasta el punto más alto. Pasamos de nuevo por el pueblo donde a  la entrada hay un grupo de mujeres que nos animan a todas las corredoras que participamos. Hacían bien en animar… para lo que tenía que venir.

Una vez salimos del pueblo, empieza una cuesta asfaltada que no tiene fin. A lo lejos, en lo alto, veo las camisetas fluorescentes que llevan los otros corredores. No puedo correr. La cuesta es tan pronunciada que empiezo a andar. Voy escuchando la música que llevo y en un momento dado pierdo la noción del tiempo… y del espacio. El resto de corredores van charlando tranquilamente y en ese momento me doy cuenta que estoy en plena carrera y que me he “adaptado”, sin darme cuenta, al ritmo lento de los otros corredores. Aligero el paso y sigo subiendo con fuerza y decisión.

Llego al km 10. Por primera vez no pienso en que “llevo 10 km y aún me quedan 7 km”. Por primera vez, y sin quererlo, pienso “quedan 7 km… ¿y qué son 7 km? Nada! 7 km es ir desde mi casa hasta el final del paseo marítimo y volver. Por primera vez mi cabeza procesa (sin darme cuenta) la carrera por tramos. No hay cansancio hasta el km 10. El km 10 supone un “empezar de nuevo la carrera”, de 0 a 7. Y eso ayuda. Mucho. Pienso en el avance que eso supone para mi. Es como un reset en mitad de la carrera, y eso me parece genial.

Se acaba el asfalto y empieza una pista forestal, ancha, que sigue y sigue subiendo. Finalmente llego a la cima. El sol se está poniendo  y la estampa es increíble con el perfil de las montañas y el sol anaranjado. Me dan ganas de sacar el móvil y hacer alguna foto. Dudo. Finalmente no hago ninguna foto y me pongo a correr. Por delante veo una senda plana y sé que cuando acabe empezará el descenso.

Así es. A partir del km 12 empieza el camino de descenso al pueblo. El terreno es perfecto. Senda estrecha con piedras (que no pedreras). Comienza el baile de pies por el camino, dando saltos, veloz. Qué gustazo!!!! Me voy encontrando con corredores que van más lentos que yo. Miro el reloj y bajo a 4-4.20′. Cómo estoy disfrutando aunque tengo que ir frenando e intentando adelantar a los corredores con los que me voy encontrando. Con lo que ha costado subir y qué pronto y rápido estoy bajando. No tengo ningún miedo a la bajada, ni siquiera contemplo la posibilidad de caer o derrapar a pesar de que en un tramo me he dejado llevar. Mis pies, ladeados, se han deslizado por la gravilla, como si estuviera esquiando, y me sigo sintiendo fuerte y muy decidida. Oigo a un chico al que dejo atrás decirme “olé, muy bien! así se baja” Sonrío. Qué bien lo estoy pasando. De nuevo en la pista asfaltada me siento muy poderosa, muy fuerte, bajando muy rápida. Y llego al pueblo. Todo Chulilla está allí mismo, animando, aplaudiendo.

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No tengo mucha idea sobre cuál es el recorrido, si la meta llega ahora o hay que dar alguna vuelta más. No dejo de sonreir… y entonces veo que la carrera sigue y sigue y salimos del pueblo y volvemos a bajar hasta el río.

Hay que cruzar de nuevo por un riachuelo y entro rápida y decidida. Oh sorpresa! el agua me llega casi hasta la cintura! No me lo esperaba. Creo que llevo más de una hora y media corriendo, el sol se está poniendo y ahora estoy empapada casi hasta las cejas. Y empezamos a subir otra vez. Un pie tras otro, arriba y más arriba por una senda estrecha. Por el camino nos encontramos con chulillanos que van animando y diciendo que “no queda nada”…. y pienso que cuando dicen eso es que queda un tramo duro….

En realidad quedan 2 km para acabar…. pero menudos 2 km!!! Me pongo a reir y pienso que era demasiado fácil acabar la carrera con esa bajada tan espectacular. El ascenso de los dos últimos km es como el final de una mascletà. Es como la sal de la vida. Sonrío porque pienso que es más bonito acabar una carrera con esfuerzo… que un final “regalado” no es igual de interesante. Porque la carrera hay que ganársela. Regalada no sabe igual de bien.

Vuelvo a entrar en el pueblo, y ahora me flaquean las fuerzas. El camino a la meta por dentro del pueblo discurre por calles que siguen ascendiendo. Llega un momento que dejo de correr y empiezo a andar. Estoy muerta!!!! Entonces viene una chica corriendo hacia mi y me dice “ahora no puedes parar. Sigue! Sólo te quedan dos curvas y tienes la meta!”. Lo dice tan convencida que me pongo de nuevo a correr y así es. Dos curvas y meta!!! 1 hora 50′ he empleado en hacer esta carrera en la que quedo en quinta posición en mi categoría.

Mientras como una rodaja de melón para reponer fuerzas pienso en el recorrido y en cómo me he sentido. Analizo que empecé muy rápida, siguiendo al resto de corredores y eso, siempre me pasa factura. Lo más duro de la carrera han sido los dos últimos km, en los que me dejaba llevar, casi sin fuerzas. Lo mejor, la espectacular bajada y las vistas. Lo más divertido, cruzar por el agua! Lo más interesante, la fuerza mental para procesar los km por tramos dejando atrás el cansancio.

Gracias Chulilla por esta experiencia… a ver si el año que viene repito y mejoro marca y sensaciones!!!! Pero una vez más, la sonrisa no me la quita nadie! :)

 

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2 thoughts on “CHULILLA TRAIL 17 KM

  1. EL AGUA TE LLEGA CASI A LA CINTURA EN LA FOTO QUE ESTAS VADEANDO EL RIO!!!!!!! esta carrera me la apunto para el año que viene.por lo que he leido parece divertda y dura, más dura que divertida :)

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