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REEBOK SUPER SPARTAN RACE MADRID 2015

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“La satisfacción reside en el esfuerzo y no en el éxito”. Para muchos esto podría sonar a “consuelo de tontos” pero, para mi, las palabras de Mahatma Gandhi describen a la perfección lo que he pasado entrenando y superando la Super Spartan Race Madrid (30 de mayo 2015). Se trata de mi tercera Reebok Spartan Race y la primera este año. 

Y la primera vez que he entrenado con varias lesiones, primero del psoas y luego de la tibia. Llegué tocada a esta prueba, incluso cojeando el día de antes. Cabía la posibilidad incluso de no poder hacer la carrera, pero esta vez había decidido que no me sentiría mal si no la podía hacer. Había disfrutado tanto entrenando que la prueba en sí iba a ser un regalo. Me había esforzado y disfrutado mientras entrenaba, así que ya estaba contenta, pasara lo que pasara.

 

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Al igual que en la Super de Bcn, estaba previsto que hiciera esta carrera con el equipo de Reebok, lo que me iba a dar mucha seguridad porque me ayudaría a superar aquellas pruebas donde yo flojeo…. Pero al final las chicas hacían la Sprint (5 km) y los chicos que se presentaban a la Super (13km), la que hacía yo, iban a darlo todo para conseguir marca. Así que, una vez me mentalicé, pensé que sería un nuevo reto para mi hacer esta prueba yo sola. Pensé que tardara lo que tardara, y en las condiciones en las que estuviera, la acabaría, aunque tuviera que hacerla a rastras (no tengo remedio… lo sé).

Además, la tarde de antes (viernes 29 mayo) me había acercado al Auditorio Miguel Ríos y había probado saltar el muro y los monkey bars…. Y es que la noche del jueves apenas había podido dormir. Me había despertado pensando que esas dos pruebas apenas las había entrenado, y en el caso de los muros, se me resistían con fuerza. No tengo potencia en los brazos ni en los dorsales para hacer dominadas y levantar mi cuerpo por encima del muro era tarea ardua. Así que el viernes probé saltar algunos muros haciendo garra con los antebrazos y subiendo inmediatamente la pierna. Apretar fuerte con el gemelo sobre el borde del muro y de ahí pasar al otro lado.… 
Ya había probado aquellas pruebas que no me habían dejado dormir y sabía que podía hacerlo. Todo dependería de la carrera. Hacía más de un mes que no salía a correr. La última vez que lo hice, me quedé coja de dolor.
Así que ya mentalizada y con energía positiva, todo estaba en orden en mi cabeza para hacer la prueba sola.
Sin embargo, en el último momento, mi compañero, que también iba a hacer la Spartan, aunque en solitario y luchar por conseguir marca, decidió que iba a hacer la carrera conmigo. Me dijo: “un bombero nunca abandona a su compañero”.

Y llegó el día de la carrera. Aunque nerviosa, me levanté feliz y sonriente, con unas ganas enormes de, al menos, intentarlo.

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Vestida y calzada de Reebok superé la prueba de Madrid.
El hecho de haber probado algunos de los obstáculos el día de antes permitió que durmiera como un bebé la noche previa a la prueba. El día-D sonó el despertador a las 6.45h. Mi tanda salía a las 9 pero tenía que desayunar bien…el caso es que no tenía nada de hambre y a duras penas me tomé un zumo de naranja natural y al cabo de un tiempo un plátano. Me levanté sedienta. La noche anterior, dado que cenamos en un restaurante y la ensalada era bastante pobre, decidí tomar un arroz con verduras, cocinado. ERRORRRRR!!!! Una crudivegana como yo, haciendo experiementos la noche antes de una prueba de 13km y más de 20 obstáculos….. Y me pasó factura… Tenía mucha sed incluso antes de empezar la prueba.

Llegamos al Auditorio Miguel Ríos donde se disputaba la prueba. Allí nos encontramos ya con el resto de corredores, y yo cada vez estaba más nerviosa.

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Auditorio Miguel Ríos en Rivas Vaciamadrid.

 

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Hay que ajustarse bien el pantalón para no perderlo en el barro. Foto: Reebok Spartan Race

Nos dirigimos a la salida y al grito de AROOOO comenzamos a correr. Los primeros muros los salto como había practicado. Primera zona de agua con barro, para refrescar los pies, jeje!!! y empieza la carrera. 

Se trata de una carrera por montaña. La prueba concentra casi todos los obstáculos al final, así que empezamos por lo que no he entrenado apenas, la carrera, y poniendo a prueba mi lesión.
Me duele la tibia pero cuanto más corro, el dolor es más llevadero. Aún así me doy cuenta de que tiro más de la otra pierna y en varias ocasiones el gemelo me da un pequeño tirón. Tengo muchísima sed. En toda la carrera hay dos puntos de agua en los que bebo mucho, e incluso mi compañero de equipo pide agua a los voluntarios que vamos viendo por el recorrido.

Lo que me pasó, nunca antes lo había sentido corriendo. Hubo dos momentos en los que se me cerraban los ojos y sentía que las piernas no me funcionaban, como que estaban bloqueadas, y cada vez me ralentizaba más. A lo lejos oía a mi compañero que decía “ve andando si quieres, pero rápido, tienes que seguir activada”. Yo lo intentaba pero me costaba mucho. Hacía mucho calor y yo soñaba con agua.

Cuando corríamos entre los árboles me sentía bien, pero pensaba que no haber entrenado carrera me estaba pasando factura. Creo que puedo decir que por primera vez me enfrentaba a una prueba en la que estaba sufriendo.

Cuando llevábamos más de la mitad de la carrera uno de los voluntarios me dijo que iba tercera. Por un segundo tuve sentimientos enfrentados. Por una parte pensé en mantener esa posición pero por otra, siendo realista, no podía confiar en mi pierna, y físicamente tampoco podía apretar mucho. Luché contra mi misma, incluso llegué a sentirme mal conmigo al pensar que no iba a pelear como suelo hacer en todos los ámbitos de mi vida, también en el deporte. Me entristeció pensar que iba a tirar la toalla. Había decidido, o asumido, mejor dicho, que no podía soportar la otra mitad de la carrera, con obstáculos incluidos, a un ritmo más fuerte del que me podía permitir en ese momento. Y el tercer puesto se desvaneció de mi cabeza. En ese momento no sé qué me dolía más, si mi lesión o la decisión que había tomado de “no luchar”…

Pero la prueba siguiente no hizo más que confirmar que no estaba preparada. Tenía que cargar con unos sacos a lo largo de unos metros. Aguantar el saco y aguantarme a mi misma fue muy duro. Después de esa prueba, en silencio, en mi cabeza, pensé en abandonar. Pero ese pensamiento duró muy poco… Mi cabeza preguntó “¿abandonar? ¿Por qué?  Reacciona Bibi!!!!! VAMOSSSSSS!!!”.

Así que en mi lucha interna ganó de nuevo la “Bibi guerrera”. Había decidido que la acabaría fuera en las condiciones que fuera, aunque estuviera tocada de las piernas y tan deshidratada que necesitara que un tractor tirara de mi. Desgraciadamente no había tractor, pero sí unas ruedas enormes que tenía que levantar hasta en 4 ocasiones. No sé cómo pero lo hice, pero lo conseguí. Y seguí corriendo. Luego llegó otra prueba de fuerza. Tenía que arrastrar un peso sobre una superficie de arena blanda, y se hundía. Y pesaba. Mucho. Primero cuesta abajo y luego arriba. Fue superior a mi. En otra ocasión, con mejor condición física, habría tirado de ese peso incluso corriendo, pero en esta ocasión me paré en seco en varias ocasiones. Mi compañero tiró de mi peso al menos tres veces, al ver que estaba totalmente bloqueada. Finalmente el obstáculo llegó a su fin.

Y la prueba seguía… más kilómetros de carrera y bebiendo del agua que me iban dando los voluntarios… (MUCHAS GRACIAS por cierto!!!!). 

Una prueba que no había hecho hasta el momento fue de memoria. Y me ayudó muchísimo! En mi caso, tenía que memorizar  XRAY-137-6813. No sabía para qué, pero mientras iba pensando en los números no pensaba en si estaba cansada, tenía sed o me dolía la tibia. Y en ese momento fui consciente, otra vez más, de lo importante que es la mente. Que el cuerpo puede aguantar mucho más de lo que creemos y que al igual que el cuerpo, hay que entrenar la mente, más si cabe…

Y llegó el momento de los monkey bar. Otra vez mi compañero de equipo tirando de mi, me dijo, “no pienses que no puedes”. En realidad yo pensaba algo totalmente diferente. Mi mente decía “tengo las piernas agarrotadas pero he entrenado mis brazos, ayer mismo pasé este obstáculo. Nada me puede parar”. Y así fue. Tranquila pero segura atravesé la prueba y seguimos la carrera. 

Estábamos muy cerca ya del auditorio. Algún muro más y entramos al lanzamiento de jabalina. La clavé en la parte superior y cayó, así que me tocó hacer 15 burpees. 

Por cierto, también hice burpees en una prueba que ni siquiera intenté: las paralelas. 30 hice en este obstáculo… nada fácil cuando físicamente “no estás”.

Volviendo al auditorio. Tras el lanzamiento de jabalina tocaba subir escaleras, tirar con fuerza de brazos de una rueda, más carrera, tres piscinas de agua y barro, y de nuevo en el auditorio, más escaleras, esta vez cargada con un saco…

El corazón me iba a mil. Seguía estando deshidratada y ya no era consciente ni siquiera de mis fuerzas… Pero se acercaban las últimas pruebas…. La siguiente, la cuerda. Qué ganas le tenía!!!!!!! Después de no poder subirla en Bcn, ahora iba a por ella. Cuando llegué vi que muchos chicos se resbalaban y se iban a hacer burpees. Pero yo podía más que la cuerda!!! Pensé que tenía que sacar fuerzas de mis piernas, de mis brazos y de mi mente. Ya no estaba corriendo. Ahora sólo tenía que poner en práctica lo que había entrenado. 

Me sujeté con los brazos. Luego con los pies, pero resbalaron porque la cuerda estaba mojada y con barro. Pero mis brazos estaban fuertes así que volví a hacer presa con los pies. Lo conseguí. Ascendí, poco a poco. Muy segura de lo que estaba haciendo. Ya no tenía sed ni me sentía débil. Sólo tenía frente a mi una miserable cuerda a la que me estaba comiendo poco a poco. Llegué hasta arriba y toqué la campana. Apenas sonó así que volví a darle con todas mis fuerzas. Quería oirla bien. Y luego bajé con una gran sonrisa. Cuando toqué el suelo levanté los brazos, satisfecha y seguí el camino para superar el siguiente obstáculo, escalando por una red de cuerda. 

Todo bien hasta aquí. Ahora llegaba el barrizal cubierto por hilos de alambrada. Cuando me metí, me hundí la mitad del cuerpo en el barro, literalmente. Las piernas completamente sumergidas en el lodo. El cuerpo la mitad. Y los brazos se hundían a cada paso que daba.

En este obstáculo se sumaron un cúmulo de circunstancias horribles. La lesión me dolía y tiraba de la otra pierna, pero había abusado tanto de ella que con cualquier mínimo gesto se me subía el gemelo.
Por su parte, la camiseta, que era holgada y además de licra, iba recogiendo gran cantidad de barro por lo que no sólo arrastraba mi peso, sino también el de todo el barro que llevaba acumulado.
Además, los manguitos se me habían bajado y en nada llevaba los codos ensangrentados por el roce con las piedrecitas. Tenía que ir muy pegada al barro porque la alambrada iba muy baja. Tanto, que la goma de la coleta se me enganchó y también la cinta con mi número de corredor (que se quedó en el barro).

Me sentía muy pesada y con mucho dolor en la tibia de hacer fuerza (ya que con los brazos, con las heridas, apenas podía avanzar) y con el gemelo subiéndose cada vez que tiraba con esa pierna. Recuerdo que grité de dolor. Nunca se me había subido así el gemelo (tres días después aún me molestaba al andar).
Decidí quitarme la camiseta. Un chico me ayudó a sacarla por las piernas y también me ayudó con el dichoso gemelo.

Oía los ánimos de la gente. Llevaba más de la mitad del obstáculo. Tiré la camiseta fuera del barro y aunque iba más ligera, cada paso que daba era un suplicio con el dichoso gemelo. Mi compañero de equipo, que ya había superado la prueba, volvió a buscarme por el lateral y cada vez que se subía el gemelo, me lo bajaba. Así, un infierno hasta que llegué al final donde tiró de mi con los brazos. Estaba salvada!!!!

Una vez fuera, exhausta, me quité el exceso de barro. 
Dejé de lado el cansancio y el dolor y me concentré en superar la prueba que no conseguí en primera Spartan: un muro resbaladizo que estaba mojado de forma permanente con un chorro de agua. Pero al igual que la cuerda o los monkey bars, me lancé decidida, segura y con fuerza (a pesar de las heridas de los brazos). Llegué arriba, pasé la pierna y bajé.

Solo nos quedaba cruzar la línea de fuego e inmediatamente después nos colgaban la medalla de finisher en el cuello. 

En ese momento ya no me dolía nada. Era consciente de todo lo que había sufrido pero inmediatamente pensé en la próxima prueba. Este año quiero hacer la Trifecta. No sé si estoy loca porque yo sólo he hecho una media maratón de montaña. La próxima cita es en Bcn y allí tengo que hacer la Beast, que son 20 km y otros tantos obstáculos….
Aún así, pensé que ahora tendría que entrenar muy duro. Cruzar los dedos para no lesionarme y seguir disfrutando. De momento, voy a curarme bien la lesión de tibia para estar al 100% lo antes posible. 

Lo cierto es que sin la ayuda de mi compañero, mi amigo, quizá no habría acabado la prueba. Bueno… seguramente sí la habría acabado pero hubiera tardado muchísimo más porque me habría relajado y habría ido andado ante el menor síntoma de dolor. GRACIAS porque has sido un apoyo muy importante antes, durante y después de la carrera. SIEMPRE!

Desde aquí quiero agradecer también a todo el equipo Reebok la atención que han tenido, la organización tan buena que han realizado y el entusiasmo que ponen en su trabajo. Nos vemos en Barcelona!!

AROOOOOO!!! 

2 thoughts on “REEBOK SUPER SPARTAN RACE MADRID 2015

  1. Te admiro Bibi, qué valor y fortaleza! Enhorabuena de nuevo! Me encantaría hacer una prueba así algún día, quien sabe, quizás el año que viene, éste estoy centrada en la Maratón de NY pero el próximo no tengo aun ningún reto…
    Me ha encantado leerte, mucho ánimo para tus próximos objetivos y que nadie te impida luchar por ellos.
    Un beso gordo,
    Rosa

  2. Gracias!!!!Lo tuyo sí que es valor!! una maratón!!wowwww!!! estaré pendiente a través de IG :)))) Gracias por los ánimos!!! igual algún día me siento preparada para una maratón… pero de momento eso son palabras mayores!! Os admiro muchísimo a los que corréis largas distancias… a ver yo bcn.. será la segunda vez en mi vida que corra 20 km y la primera vez fue dura… Un beso enorme!!!

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