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MI PRIMERA VEZ…. EN TRIATLÓN/ MY FIRST TIME… TRIATHLON

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Cuando dije que iba a hacer mi primera carrera, en noviembre de 2013, recuerdo que una chica, a la que no conocía de nada, me criticó en Instagram diciendo que sólo era una diversión momentánea para mi y que nunca acabaría nada que me propusiera en el deporte. Pues ya ves, chica desconocida, aquí estoy. Ha pasado ya casi un año y medio desde aquella primera carrera. Y sigo haciendo deporte. Tras la primera 10K llegaron otros retos deportivos y lejos de perder el interés, sigo motivada y haciendo una de las cosas que más feliz me hace en la vida: DEPORTE!!!!!

Y este fin de semana me he estrenado con mi primer triatlón. Decir lo feliz que me siento es poco. Veréis… yo no sabía nadar. “Flotaba” como decía yo, pero no controlaba la respiración… ni nada más. Querer saber nadar era algo que quería aprender desde hacía tiempo, y el año pasado, cuando vi por primera vez un triatlón pensé que aquello tenía que ser muy divertido… pero yo no sabía nadar…. Así que decidí que este año, yo aprendería a nadar y haría un triatlón. 
Me considero una persona atrevida, sin miedo y muy decidida a hacer todo lo que me propongo, pero también soy consciente de que hay que empezar poco a poco, y lo mejor era empezar con un super sprint (375 m. natación/ 10 km bici/ 2,5 km. carrera). 
A principios de año, cabezota yo, empecé a buscar información y sorpresa que el Club Triatló Gandia organizaba este año un super sprint. Y el 21 de enero empecé mis clases de natación.
No tenía bici de carretera, pero me dijeron que seguramente alguien me podría dejar una. Así que mientras llegaba la bici, empecé a aprender a nadar. Lourdes, mi monitora, ha sido una profe increíble, con muchísima paciencia!!!! El primer mes he tragado tanta agua que salía mareada de la piscina. Tragaba agua por la nariz, por la boca… y tenía que parar varias veces cada vez que intentaba hacer un largo. Lourdes ya no sabía cómo explicarme lo de la respiración, pero aquello no me salía… Y un día le dije “Lourdes, en un mes hago un triatlón” y me dijo “¿en serio?, qué atrevida eres… Pues vas a tener que trabajar mucho”. Y no hay nada que me anime más que las personas me acompañen en mis pequeñas locuras, animándome… porque los límites siempre se los pone uno a sí mismo, y no te los puede poner nadie más…. y yo, no me pongo demasiados… Así que aquello de “hay que trabajar más” me sonó de maravilla. 
A falta de dos semanas de la prueba no pude ir a clase de natación durante tres días. Cuando volví, no me digáis cómo ni porqué, pero ya controlaba la respiración y empecé a hacer un largo detrás de otro, poco a poco, pero con decisión.
Mientras, llegó la bici que me consiguió mi trainer aunque sólo la he usado unas 5 veces, sóla, y aún hoy sigo sin saber cómo sacarle todo el partido a una de esas maravillas.
Y mientras, salía a correr como podía porque en estos últimos meses me estaba recuperando de una lesión en el psoas.
Pero pensar en hacer un triatlón me apetecía tanto, que seguí adelante con el plan. Tenía dos objetivos marcados. Uno, aprender a nadar. Y ya lo había conseguido. Otro, acabar el triatlón disfrutando y sonriendo tanto como lo había hecho en cada entrene.
Y llegó el día. Estaba nublado, hacía frío y el agua, con toda seguridad, estaría helada. La prueba era a las 4 de la tarde y yo trabajaba mis 8 horas hasta las 14.30h. No tenía tiempo de ir a casa así que comí en el trabajo y me fui directa a por mi dorsal.
Estaba muy preocupada por el frío… y para qué no decirlo… ¡¡¡¡¡estaba cagada de miedo!!!!! No tenía ni idea sobre qué tenía que hacer. Cuando llegué había muchísima gente equipada, con sus bicicletas haciendo colas que no tenía ni idea a dónde iban. Había quedado con mis amigos, Paco y Pepe, que me habían llevado la bicicleta y en cuanto los vi me empece a reir…. aquello era una locura, estaba completamente perdida. Por todas partes me habían dicho qué tenía que hacer en las transiciones, pero estaba demasiado nerviosa para atender… Así que cogí mi bici, ya con las pegatinas puestas y el dorsal preparado y cuando llegué empecé a preguntar a unos y otros sobre qué tenía que hacer y dónde ir. Dejé la bici en el lugar marcado y luego pregunté a la organización qué hacer, cuándo ponerme el neorpreno, a qué  hora ir a la salida…. ¡¡¡¡PARDILLA TOTAL!!!!!! Pero me daba igual, tenía tantas ganas de hacer aquello!!! Así que me puse el neopreno y me fui donde me indicaron, a una pequeña playa en el puerto desde donde teníamos que ir nadando hasta la línea de salida en mitad de la bocana. La salida se retrasó 20 minutos y estaba helada. Cuando llegué estaba decidida a nadar, con fuerza, pero esos 20 minutos me mataron de frío. Y las chicas que participaban en la prueba tampoco ayudaron mucho. A mi alrededor sólo oía las palabras “miedo” y “frío”, y yo sólo quería que se callaran y que dieran la salida de una vez.
Y ya nos dijeron que podíamos nadar hacia la salida. El corazón me iba a mil. Me metí en el agua y se me cortó la respiración. Qué frío!!!! Ni el neopreno que había alquilado consiguió mantener el calor de mi cuerpo. Nadé a braza y cuando decidí hacerlo a crol me pasó algo horrible. Yo siempre he tenido una pesadilla que se repetía una y otra noche, relacionada con la claustrofobia que me produce estar en espacios muy muy pequeños y que me impiden respirar correctamente… Pues bien, cuando metí la cabeza en el agua y me di cuenta que no veía nada en el fondo, ni siquiera mis propios brazos debajo del agua, sentí esa horrible sensación, y entonces me dio eso que se llama ataque de ansiedad. A la respiración entrecortada por el frío se había sumado esa sensación de que por mucho que abra la boca no me entra aire en los pulmones. Entonces empecé a nadar a braza, muy lenta, y pensé, así no puedo nadar, abandono!!!. Sentí miedo. Estaba en medio de aquel puerto. Había aprendido a nadar hacía dos semanas. Tiritaba de frío y además, no podía nadar!!! No podía nadar!!! Estaba bloqueada!! Cómo iba a nadar a braza los casi 400 m de recorrido!!! Llegar la última era algo que me daba exactamente igual, pero ¿en qué condiciones iba a llegar si el corazón y la respiración no me ayudaban?
Abandonar no es una palabra que me guste demasiado así que decidí que lo dejaría sólo si realmente no podía. Pero tenía que intentarlo. Tenía que dejar el miedo de lado.
Me coloqué en la línea de salida, detrás de todas las otras chicas. No quería saber nada de una “competición”. Yo hacía aquello porque quería disfrutar. Y en ese momento yo no estaba disfrutando nada y mucho menos iba a disfrutar entre brazadas y espuma. Cuando salieron todas empecé a nadar a braza. Metí la cabeza en el agua y otra vez la ansiedad. Ahora tenía ganas de llorar. Pensé que quizá había sido una inconsciente por haber decidido hacer aquella locura. Pero en el fondo pensaba que no podía tirar la toalla tan pronto, que había que luchar.
Nadé a braza mucho tiempo. Todas las chicas se habían alejado bastante. Cuando recuperé un poco la respiración volví a intentar nadar a crol. Dos brazadas. De nuevo a braza. Y un poco más adelante, de nuevo a crol. Ya fueron más de dos y más de tres y más de cuatro….seguía sin ver nada, y seguía temblando todo mi cuerpo, no sé si de miedo o de frío porque ya no me notaba los pies.
No estaba cansada. Me gusta tanto nadar!!! ¿Por qué no podía distrutar ahora como lo había hecho en la piscina? La última recta fue mucho mejor, mientras escuchaba a mi amigo Pepe dando ánimos (antes me estaba diciendo “pero quieres nadar”!!!!)… ahora me decía “venga que ya no te queda nada!
Y cuando me di cuenta ya estaba en la orilla. Oí a Pura gritar mi nombre con la cámara en mano, y casi me pongo a llorar. Lo había conseguido!!!!!!!!!! De aquella manera, pero había nadado, había completado la prueba, había superado el frío, la ansiedad, el miedo, e incluso había conseguido disfrutar un poco el final de esa primera prueba. Creo que en ese momento no había nadie más feliz que yo!!!

 

triatlon agua
Así de sonriente salí del agua, a pesar de todo. FOTO: Pura Pastor
Los ánimos de toda la gente que estaba allí me dieron un subidón increíble y salí corriendo a por la bici, quitándome ya el neopreno. Pensaba que estaría más cansada pero nada de eso, estaba pletórica, sonriendo sin parar.
Y llegué a la bici. Acabé de quitarme el neopreno. Me puse el casco. los calcetines, las zapatillas…. y gran fallo!!! me había dejado las zapatillas con los cordones abrochados. Intenté ponérmelas sin desatarlos y una pude, pero con la otra perdí un montón de tiempo intentando calzarla atada… al final me subí a la bici (casi me olvido del dorsal) y salí sonriendo y con la zapatilla suelta. 
Cómo me gusta ir en bicicleta de carretera… a tanta velocidad y casi sin esfuerzo (y con la zapatilla suelta)… Empecé a pedalear y cuanto más pedaleaba, más sonreia, y cuanto más sonreía, más me animaba la gente, y más reía yo, y más feliz iba. Adelanté a una chica, y a otra, y a otra… En un momento dado me adelantaron dos chicos y me fijé que iban pedaleando muy rápido así que cambié la marcha de mi bici y aún fui más veloz. En ese momento pensé que había sido un desperdicio tener esa bici y que nadie que me hubiera podido explicar cómo sacarle todo el partido. Sin duda, la bicicleta es lo mío. Y cuanto más velocidad, más felicidad. Acabé las dos vueltas. No sé cuánto tardé pero no me hubiera bajado de la bici!!
Dejé la bicicleta y entonces me desaté la zapatilla y me la até de nuevo con todo el pie dentro!!!! jejeje… y otra vez los ánimos de la gente y de nuevo subidón, salí disparada (error) pero estaba emocionada y muy muy feliz por lo que estaba haciendo. No sé a qué velocidad corría pero las piernas no respondían como yo quería. La respiración tampoco era fluida.
Pero el trayecto no era largo y en nada vi la meta. De la carrera no estoy muy contenta pero aun así, cuando crucé la línea de llegada estaba eufórica. Había conseguido mis dos objetivos. Y lo más importante, tenía ganas de volver a enfrentarme al mar. A pesar de lo duro que había sido, lo primero que pensé es que había que entrenar en el mar, además de en la piscina!!! El año que viene repito!!!!!!
 
Nunca dejes que nadie te diga hasta dónde puedes llegar. Tú y sólo tú tienes el poder para decidir lo que quieres y lucha, lucha por superar tus miedos. La verdadera fuerza está en la cabeza, y en el corazón. GOOOOOO!!!!

 

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