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MI PRIMERA REEBOK SPARTAN RACE (MADRID) 2014

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Recuerdo que cuando tenía 5 o 6 años y me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía: camionero, bombero y policía. Por este orden. Mientras el resto de niñas soñaba con ser princesa y jugaba con muñecas, a mi me gustaba “vivir” más activamente y andar con la bici por la montaña con mi hermano. Años después, cuando me volvían a preguntar, contestaba, detective privado. Y más tarde, mi respuesta era periodista de investigación. Al final me quedé en lo de periodista. Creo que desde pequeña lo “normal” siempre me ha parecido aburrido y cualquier situación que supone un “riesgo” es más interesante y sobre todo, divertido.

Cuando hace 8 meses me dio por hacer deporte (por primera vez en mi vida en serio) empecé por correr, algo que no había hecho nunca. Con la carrera de asfalto pronto tuve la sensación de que me faltaba algo y pasé a la de montaña. Para preparme, Trainer J introdujo cambios en los entrenamientos que, lejos de desmotivarme (porque eran mucho más duros), al contrario, despertaron en mi una sensación de esfuerzo que me producía mucha, mucha satisfacción. Cuanto más duro el entrene, más me divertía. De hecho, al finalizar cada entrenamiento, siempre esbozo una sonrisa. Siempre. No solo por la diversión, sino por la satisfacción de hacer algo que jamás pensaba que podía hacer. Por ser consciente de que mi cuerpo, cada día, va cediendo un poco más a la exigencia física. Y eso me gusta. Mucho.

Supongo que aquel espíritu aventurero de pequeña forma parte de mi ser y cuando hice mi primera media maratón de montaña, sentí la necesidad de hacer “algo más”. ¿Muy precipitado? Puede ser, pero así me sentía y me lo pedía mi cuerpo. Buscando por internet, descubrí la Spartan Race. Me encantó lo que leí y vi al respecto. Era como una carrera de entrenamiento militar, en la que no sólo había que correr, sino además, aguantar físicamente lo suficiente para, en el camino, superar una serie de obstáculos. Y allá que fui yo. 

Quien me conoce pensaba que estaba loca. Mi cuerpo no ha realizado ejercicio físico nunca. Cada vez que me apuntaba a un gimnasio duraba una semana, y en el instituto siempre ponía excusas para no mover ni un músculo. Y ahora de repente, quería más.

Tenía 3 meses para prepararme desde que tomé la decisión hasta que se celebró la Spartan Race el pasado 31 de mayo. Tres meses en los que mi entrenamiento iba a ser totalmente diferente a los anteriores. Había que introducir ejercicios como subir cuerdas, saltar muros o lanzar jabalinas. Cosas que obviamente jamás había hecho. Además de trabajar en incrementar mi fuerza y mi resistencia. Correr por dentro del agua en la playa, subir cuestas, hacer fartlek, combinar carreras con burpees y otros ejercicios de fuerza-resitencia en los que trabajaba todos los grupos musculares eran parte de mi entrene todos y cada uno de los días durante estos tres meses (porque los días de descanso tampoco eran de estar tirada en el sofá, sino de un descanso activo).

Aún así, lo que para otros supone un esfuerzo o sacrificio, para mi estos meses han sido todo lo contrario. Recibir mi email semanal con el entrenamiento era un cosquilleo en el estómago, una sonrisa de oreja a oreja, un gran aliento para empezar la semana y planificar… y soñar (sí, sueño con los entrenamientos) en cómo se iban a desarrollar todos y cada uno de los ejercicios, y las cosas que iba a hacer por primera vez y que tenían tan buena pinta, aunque supusiera sudar la camiseta y esforzarme hasta el límite en algunos casos. 

El balance por tanto durante este tiempo ha sido más satisfactorio que otra cosa. Aunque he de reconocer que he sufrido y he llorado. De impotencia. Cuando algo no me salía. Trainer me dejó muy claro que un deportista sólo llora por una lesión o por un triunfo. No cabían las lágrimas por no conseguir un objetivo, sino seguir luchando. Y eso hice. También en este tiempo he aprendido que una lesión me aparta momentáneamente de los entrenamientos (y no pasa nada). También, que todos tenemos días. Y que hay días en los que me encuentro pletórica y otros en los que me cuesta hasta caminar. Y tengo que aprender a superarlo.

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Minutos antes de la carrera

Llega la carrera
Habiendo aprendido una lección cada día, llegó el momento de la Spartan Race. El día antes nos acercamos al recinto y lo primero que veo son los muros. Empiezo a sudar. Durante los 3 meses de entrenamiento jamás conseguí superar un muro de un parque al que iba a entrenar de vez en cuando. Cada vez que intentaba subirlo me estampaba las rodillas contra él. Luego la cara. Y luego no subía. Me quedaba allí abajo mirándolo.

Al ver la cantidad de muros que había que superar en la Spartan me puse muy nerviosa. Siguiendo las indicaciones, lo intenté pero me costaba horrores. Esa noche soñé con los dichosos muros. Al igual que durante los tres meses de entrene también soñaba con la cuerda, hasta que conseguí aprender la técnica de los pies para no cansarme tanto con los brazos.

Y llegó el día de la carrera. Salíamos a las 14 horas, en la tanda de la Sprint Elite. Formaba equipo con Trainer J para tener ayuda en los obstáculos. Y si no lo conseguía, la penalización eran 30 burpees!! 

Nada más empezar, para llegar a la línea de salida, había un muro. Sí, nada más empezar, para poder hacer la carrera. Aunque éste se podía pasar por debajo, menos mal!

Ya en la línea de salida. Nervios a flor de piel. Manos frías y sudorosas. Mirada perdida. Calentando. Sonrisa nerviosa entre emoción, felicidad, susto a lo desconocido, a cómo reaccionaría mi cuerpo… Y dieron la salida. Y al girar la primera curva del recorrido, los muros. Allí estaban. Salté el primero como me habían dicho el día anterior. Lo salté como lo soñé la noche de antes. Y cuando me di cuenta ya estaba al otro lado. Y así el siguiente. Y el otro. Felicidad absoluta. Y sorpresa tanto mía como la de Trainer J.

Sigue el recorrido con nuevos obstáculos con barro. La carrera discurre subiendo una colina continuamente. No hay bajadas. Casi todo el recorrido es de ascenso y hace mucho sol. Por suerte no hace demasiado calor (en este tiempo me he dado cuenta de que el calor es mi enemigo número 1 en las carreras). Entre los obstáculos tengo que subir una cuesta con una rueda cargada al hombro, subir más muros… Uno de ellos mide 2,40 según me dicen. Tampoco se me resiste (aunque había una pequeña cuña que las mujeres pueden usar). Subo el muro sin miedo, con decisión, como si lo hubiera estado haciendo durante años. Seguimos el camino con nuevos obstáculos de barro que se va sumado al peso de las zapatillas para continuar el recorrido. 

Tras varios km de carrera se empieza a oir ya el murmullo de la gente en el auditorio. En ese momento me doy cuenta de que ahora casi todo lo que queda son los obstáculos. Empiezo con el lanzamiento de la jabalina. Hacía viento y la distancia era mucho más alejada de la que había entrenado. Pero me concentré. Puse en práctica mi mejor postura para lanzar, que curiosamente descubrí en los entrenamientos que es adelantar el pie derecho, y lanzar también con el brazo derecho, cuando lo habitual es lo contrario. Y acerté en el tiro! A la primera (en realidad sólo hay una oportunidad de tiro). Es cierto que se fue a un lado, justito, pero ahí se quedó clavada la jabalina. Y seguimos el recorrido. 

Luego llegó el turno del “monkey bars”. Había entrenado este ejercicio en los columpios de la playa para los niños. Siempre que lo hacía me salían heridas en la palma de las manos y resbalaba. En la Spartan Race al menos las barras eran más gruesas y no resbalaban así que la atravesé con decisión y sin miedo. 

El siguiente ejercicio se entrena en Crossfit, pero yo nunca lo había hecho así que me estrenaba en la Spartan. Consistía en la fuerza para levantar una saca con una polea. No sé cuánto pesaba. Trainer J me dijo que dejara caer el peso de mi cuerpo para levantarla un poco y luego tirar con los brazos. El caso es que yo dejé caer mi cuerpo (48 kg), pero aquello no se levantaba ni a la de tres. Así que tuve que tirar de brazos directamente, acostándome en el suelo para hacer fuerza con los pies. Y levanté aquella saca. Me libré una vez más de hacer burpees. 

El siguiente obstáculo en el recorrido de la Sprint era cargar con otro saco de arena al hombro y bajar y subir unas escaleras interminables. Otro obstáculo superado con más facilidad de lo que pensaba :)



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Subiendo las escaleras de la prueba con un saco de arena a cuestas.


Cuando acabamos este ejercicio, la carrera discurría en dirección al centro del auditorio Miguel Ríos donde tenía lugar la Spartan Race. Desde este punto se divisaba lo que quedaba de recorrido. Cuatro pruebas más y había acabado. Pero cuatro pruebas duras. Las más duras, al menos para mi.

La primera, la cuerda. Aquella que me había quitado tantas noches de sueño. Aquella que me había quemado la piel de la pierna. La que me había destrozado los brazos antes de conocer la técnica de enroscar la cuerda en la pierna para no hacer tanto esfuerzo de espalda y brazos. En esta cuerda había nudos que facilitaban el ascenso pero yo había entrenado sin nudos así que, poco a poco la subí sin problemas. Y seguí el recorrido subiendo a una plataforma para luego atravesarla por una red de cuerdas. No sabía cómo hacer aquello y cuando a veces no puedo hacer algo, mi instinto me convierte en gato, como digo yo, y agarrada de manos y pies crucé el puente de cuerdas segura. Cuando llegué al límite me encontré con un fuerte desnivel por el que había que descender también por cuerdas. A veces me quedo paralizada al borde de un precipicio y durante unas milésimas de segundo así me pasó hasta que oí la voz de Trainer J una vez más dándome ánimos (como había hecho durante todo el recorrido), quitando importancia al tema. “Venga, vamos”, oí. Y sin pensarlo ya estaba bajando.

Y llegamos a los 50 metros de pista americana o barbwire que discurre por un manto de barro y bajo una tela de alambrada. Son los 50 metros más largos que jamás he recorrido. Arrastrándome por el suelo. El primer tramo casi no tenía mucho barro pero luego me encontré con una piscina de barro en la que me hundía y me costaba sacar brazos y piernas. Luego otra zona en la que había más agua y la última y más dura en la que habían piedrecillas. Aquello empezó a rasgarme la piel de codos y rodillas. El dolor empezaba a ser insorportable. Tengo un problema con la piel, y cualquier rozadura me deja en carne viva. Había llevado protección en la parte baja de las piernas para evitar quemadura de la cuerda pero no me protegí las rodillas. Cuando salí de aquel infierno vi el rojo de la sangre por encima del barro pero no dolía, así que a seguir! 


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Recién salidos del infierno de barro, pero siempre con una sonrisa :)


Ahora había que subir un muro fino, mojado continuamente por agua, mientras nosotros íbamos con barro hasta las cejas. Las zapatillas pesaban un montón y aunque nos quitamos el barro de las manos, seguían sucias y mojadas. 
Primero subió Trainer J. Con paso firme, llegó a la cima y esperó a que subiera yo para ayudarme desde arriba.

Me agarré a la cuerda, pisando fuerte contra el muro. Llegué hasta arriba, y antes de poder agarrarme, caí. Volví a coger la cuerda. Empecé a subir y sentí un dolor insoportable en los dedos. Me los había quemado. Sangraban y estaban en carne viva. Seguí subiendo. Llegué hasta arriba y volví a caer.
Tercer intento. Dolor insoportable en los dedos y por tercera vez caí. 
Desde abajo miré a Trainer J y otra vez, como me había ocurrido alguna vez en los entrenamientos, ojos húmedos de impotencia. Paralizada. Y entre todo el murmullo, música y gritos, tragué saliva y pensé, “detrás de este muro está la meta y no puedo llegar. No puedo”. Entonces oí a Trainer que me dijo “haz los 30 burpees”. Y otra voz, la de un espartano que tenía a mi lado, que me dijo “venga que te ayudo”. Agarró la cuerda desde abajo para que pudiera subir con más facilidad. Apenas podía sujetarme a la cuerda. Ya casi no me quedaba fuerza y cuando estaba  casi arriba grité “cógeme, cógeme, cógeme”. Trainer me agarró el brazo con fuerza y con el otro brazo hice un esfuerzo (que no sé de dónde salió) y con todo el dolor del mundo me cogí a la parte de arriba de aquel maldito muro. Ya lo tenía. “Vamos”, “abajo”, bajé casi sin aliento. Quedaba saltar el fuego y la spartan era mía!!!!

Me agarró de la mano para saltar aquellos troncos con fuego que a mi me parecían altísimos. Tiró fuerte de mi (ya casi no me quedaban fuerzas, las había dejado todas en aquel maldito muro y en aquella maldita cuerda que me había quemado los dedos) y saltamos y nos abrazamos, y tragué saliva, y se me empañaron los ojos, como ahora, que estoy escribiendo estas líneas. Las lágrimas del deportista que ha vencido. Había acabado la carrera. 5 km y 15 obstáculos sin hacer un solo burpee.

Y entonces nos colgaron una preciosa medalla de “finisher” en el cuello que sabía a gloria!


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La sorpresa llegaría segundos después. Nada más ponerme la medalla me comunicaron que había sido la primera chica en llegar a meta. Tomaron nota de mi nombre. Resulta que había quedado la primera en la Sprint Elite. No me lo podía creer. Durante unos minutos estuvimos bailando en la línea de meta. Estábamos felices!! Nuestra primera carrera espartana la habíamos superado. Tras meses de entrenamiento y sacrificio, pero también mucha diversión, había acabado este último reto que me había marcado.


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Momento de la entrega del premio

 

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Y aquí mi nombre, Begoña Boluda :) en la lista de los resultados

 

 
Junto con el trofeo, precioso por cierto, especialmente por el mensaje que lleva inscrito (“los obstáculos se ponen en tu camino para ver si realmente vale la pena luchar por lo que quieres”), Reebok me regaló unas zapatillas increíbles, perfectas para realizar mi próxima Spartan Race en Barcelona, el próximo mes de octubre.
 
 
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Las zapatillas regalo de Reebok :))
 
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El trofeo con este precioso mensaje

 

Me despido de vosotros con esta sonrisa. La de la satisfacción por la recompensa del trabajo, del esfuerzo, de luchar por lo que quieres. La sonrisa por las quemaduras de mis dedos, de mi pierna, por la sangre de mis rodillas…. por toda la satisfacción y la felicidad que me produce entrenar cada día. Ese sudor, ese “me cuesta pero voy a por ti”!
 
 
                     Hasta pronto espartanos!!!!

 

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12 thoughts on “MI PRIMERA REEBOK SPARTAN RACE (MADRID) 2014

  1. Hola Bibi!
    tu escrito transmite una energía desbordante y me entran unas ganas locas de saltar de la silla. Eres un ejemplo a seguir para mi, por tu fuerza, tu lucha… Sigo una dieta en un 80% cruda y sé que mi asignatura pendiente es el ejercicio, pero nunca encuentro el momento de empezar en serio un buen entrene (más allá de ir en bici al trabajo, escalar algunos fines de semana o patinar por el paseu marítimo)… :( por eso, te quería pedir, si es posible, que compartieses conmigo alguno de esos mails que te han servido como guía de entrenamiento, aunque sean algunos pocos del principio, para saber cómo y por dónde empezar (aunque lo de empezar no tiene más que salir a la calle! jejejeje). Mi correo es el siguiente: albaguiluz@gmail.com
    Lo agradecería infinito!
    Muchísimas gracias por compartir tu experiencia, de verdad, es muy inspiradora :)
    Un abrazo muy fuerte

    Alba

  2. Hola Alba, gracias por tus palabras!! No me importa enviarte los entrenes pero creo que deberías tener en cuenta que los entrenamientos no son iguales para todo el mundo porque la condición física no es la misma y el nivel deportivo tampoco. Creo que puede ser un poco peligroso y es mejor que consultes a una persona experta. Mucho ánimo y dale duro!!!!! un abrazo enorme

  3. Hola!! Me ha paracido increíble tu experiencia en la spartan, enhorabuena!! Y bueno, ye escribo porque voy a hacer la proxima spartan a finales de mayo y la verdad es que no estoy siguiendo ningún entrenamiento específico, simplemente salgo a correr y en el gimnasio voy a spinning y hago pesas y aunqie estoy acostumbrada a hacer deporte no lo estoy a las pruebas que tendré que superar y estoy un poco preocupada, además de que últimamente nl tengo mucho tiempo para prepararme por exámenes… y me preocupan las pruebas, sbre todo la de la cuerda. Te escribo para ver si podrías Ayudarme y consejarme que puedo hacer o como puedo prepararme aunque sé que tengo poco tiempo… un abrazo fuerte espartana!!

  4. Hola!! Me ha paracido increíble tu experiencia en la spartan, enhorabuena!! Y bueno, ye escribo porque voy a hacer la proxima spartan a finales de mayo y la verdad es que no estoy siguiendo ningún entrenamiento específico, simplemente salgo a correr y en el gimnasio voy a spinning y hago pesas y aunqie estoy acostumbrada a hacer deporte no lo estoy a las pruebas que tendré que superar y estoy un poco preocupada, además de que últimamente nl tengo mucho tiempo para prepararme por exámenes… y me preocupan las pruebas, sbre todo la de la cuerda. Te escribo para ver si podrías Ayudarme y consejarme que puedo hacer o como puedo prepararme aunque sé que tengo poco tiempo… un abrazo fuerte espartana!!

  5. Hola!!! Wow!! Excelente post, está genial tu experiencia, son tantos los eventos en honor a otros tiempos, yo adoro el medieval y es lo que suelo comparitr en mi blog, pero eventos como este te llevan a pensar más allá y más cuando lo relatan con tanta pasión!! Felicidades espartana…

    blogoconnell.wordpress.com

    Gracias, saludos

  6. Hola Pablo! No lo recuerdo con exactitud pero mucha carrera y entrenamientos de fuerza. No olvides que si quieres hacer la super o beast tienes que correr 13 y 20 km, y además por montaña. un abrazo!

  7. Laura!!!! acabo de ver tu mensaje! hiciste la spartan al final? Al igual que he dicho en un comentario anterior creo que es importante que entrenes carrera porque muchos se funden cuando hay que tirar muchos km, así que además de entrenar fuerza, hay que salir a correr en los entrenes! Un abrazo muy muy fuerte y espero que me cuentes. Si quieres más detalles de entrenamientos y alimentación puedes seguir mi cuenta de Instagram @bibiraw Besos!!!!!!!!! (siento mucho no haber respondido antes!

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